Los Sepelios en mi Tierra
Publicado en Pastillitas para el Alma en Febrero 24th, 2008 por Dr. Jorge REINA Noriega – Deja su comentarioQue algunos llegan hasta más de los cien años. Otros se van después de los sesenta y algunos como que se adelantan, y emprenden su viaje en la infancia, en la juventud o en plena época de producción. Es cierto que la gente de todas maneras tiene que morirse algún día y como decía mi Viejito: “Quien de joven no se muere, de viejo no se escapa, así se esconda”, son situaciones que nos llaman a reflexión.
Yo me acuerdo cuando una persona se moría allá en mi tierra bendita de Chachapoyas. Casi todos nos enterábamos de lo que sucedía por el comentario de los vecinos, o si no eran las campanas de las Iglesias con sus repiques de rogativas a las seis de la tarde, a la hora del rezo del santo Rosario, cuando nos anunciaban con sus tañidos lúgubres de pena y recogimiento, que aquel “Quellamito” que estaba enfermo, ahora ya descansaba en Paz.
En la puerta de la casa del difunto, era clásico ver el farolito en señal de duelo y adentro en la sala, todos los cuadros y los espejos desaparecían, o se los cubría con una cenefita negra, o se los volteaba de cara a la pared. Se sentía el olor al incienso, a las velas de cera de Castilla, de las azucenas y cartuchos colocados en grandes jarrones en los cuatro costados del ataúd de pino, hecho casi a pedido por don Noe Santillán o don Carmen Valdivia.