Nuestra Seguridad, Un Reto Que Debemos Defender

Vivo en una ciudad de varios millones de habitantes. Con gente de una diversidad sociocultural, proveniente de diferentes lugares de nuestro País y del extranjero y es lógico escuchar a diario las mas diversas noticias en la radio, leer en las páginas de los periódicos y ver estupefacto escenas de violencia en los canales de la Televisión, los que anuncian con mucha crudeza escenas de la miseria humana. Me pregunto si los padres de familia, profesores, policías, pastores y sacerdotes se valen como medios de motivación para arengar a sus alumnos y tratar de construir una sociedad mejor para nuestra Patria.

Alguien en alguna oportunidad dijo: Lima es el Perú y lo que pasa aquí es el reflejo de lo que sucede en el interior del País y cuando escucho lo que está acaeciendo en nuestra Fidelísima Ciudad de Chachapoyas, como que me dan la razón.

De ninguna manera quiero tratar de dar a entender que los miembros de la Policía Nacional del Perú que prestan servicio en nuestro Departamento sean diferentes de la Guardia Civil de mis tiempos, pero posiblemente el aumento de la población y el menor número de efectivos haga más difícil cumplir con su misión. Sin embargo los guardias civiles tenían casi los mismos uniformes que la Patria los honraba para cuidar a la ciudadanía. Ellos eran personajes con autoridad a toda prueba, que se hacían respetar por su ejemplo, por su comportamiento, incapaces de recibir o solicitar una coima para hacer un servicio. Eran los caballeros de la Ley con su lema “El honor es su divisa”, que cuidaban su nombre y el de su familia y que decir de nuestro Poder Judicial, con sus magistrados, con una transparencia y honestidad a toda prueba. Probos en su conducta y atentos inclusive en la vigilancia del cumplimiento de las obras ejecutadas por los contratistas de esas épocas.

En mi época en la ciudad había dos Instructores Pre-militares, don Germán Merino Rubio y don Francisco Alva. Señores de señores que imponían la disciplina en los Colegios de Varones y a los que se sumaban los Inspectores de Educación como don Guillermo Gamarra, don Victor Mendoza, don Arturo Reyna y anterior a ellos don Juan Manuel Castro, don Abraham Cachay, don Gonzalo Tenorio, de los que recuerdo. En el Colegio Agropecuario que funcionaba en el Molino del Dr. Burga, todos respetaban al gringo Luvimof, así como en el Colegio Industrial don Gonzalo Serván era el único responsable de la disciplina. En el Colegio de Mujeres las Inspectoras de Educación eran doña Trinidad Reyna, doña Angélica Camino Pizarro, la señorita Wilma Pizarro, la señorita Luisa Montante, quiénes con su ejemplo, velaban por el buen comportamiento de las alumnas. En la Escuela Normal Mixta de Educación, tanto las damas como los caballeros eran fiel reflejo de profesores de la talla de don Máximo Rodriguez Culqui, doña Lolita Martínez de Caro, dos botones de muestra de la decencia y el buen nombre de los verdaderos maestros que se encargaron de formar las promociones de normalistas que han sido, son y serán orgullo de los profesionales de primera clase de nuestra tierra.

La juventud de ese entonces santa, santa que digamos, no era. Pero las diversiones de los sábados y domingos por las tardes eran las gymkhanas en los patios de los colegios, o los partidos de fútbol en la cancha de Belén, o los partidos de voley y basket en el patio del Colegio San Juan. Habían competencias de carrera de velocidad, de resistencia, salto alto, salto triple, carrera de encostalados, el palo encebado, carrera de glotones y una serie de actividades que los profesores se empeñaban en ofrecer para la diversión de la juventud, e inclusive la Guardia Civil de ese entonces daban demostraciones de su arte de jinetes de primera clase en briosos caballos, haciendo piruetas que eran la admiración de grandes y chicos. Lo importante que todos estos espectáculos eran en forma gratuita y se desarrollaban con el decoro y el respeto a la persona humana.

Los bailes sociales eran acontecimientos en los que se disfrutaba de la elegancia de las damas y el señorío de los caballeros que se realizaban en los salones de casas respetables o en los lugares de instituciones como el Centro Social Amazonas, el Club Higos – Urco, el Club Sachapuyos o el Club Alonso de Alvarado, que se engalanaban con sus muebles y cortinas y lucían sus innumerables copas y trofeos de plata en vitrinas y estantes especiales. Ahora tengo entendido que los locales todavía existen pero ya no cumplen su función como lugares de reunión de los socios. Que algunos de ellos están alquilados o parece que ya son propiedad privada de personas ajenas a las instituciones. Me pregunto ¿quiénes son los que administran los arriendos y donde están los trofeos, los cuadros, los diplomas, las fotos, los muebles, los equipos de sonido, la mesa de billar y todos los enseres que son la historia y el esfuerzo de los asociados?

Si hago hincapié en la presencia de los clubes, es con la intención de recordar que eran los centros que servían para concentrar a la juventud de ambos sexos, donde hacían su vida social, escuchaban música, jugaban cartas y juegos de salón, organizaban sus campeonatos, sus veladas literario musicales, sus matinée bailables y casi todas las familias cultivaban la amistad con días de visita en su casa, donde los mayores disfrutaban de una copita de oporto, de la tacita de café con sus rodajas de pan y pedacitos de queso, mientras los muchachos jugábamos en los patios la pega y las escondidas.

Ahora uno se queda estupefacto escuchando de niñas, más que señoritas y de jovenzuelos de los colegios, nacionales y privados, que sin respetar su uniforme, se encierran en cantinas y discotecas que abundan en nuestra Fidelísima Ciudad. Que consumen ingentes cantidades de licor y tal vez también droga, que se pelean y son violadas y agredidas con arma blanca, resultando alguna de ellas con lesiones invalidantes para toda la vida. Jóvenes que son raptados y que por el efecto del alcohol y de la droga se producen asaltos a vista y paciencia de todo el mundo. Madres de familia angustiadas que reclaman el apoyo de la Policía Nacional, que hacen denuncias y que muchas veces no son escuchadas. Que nuestras autoridades edilicias lejos de ocuparse de las cosas sencillas del bienestar de los ciudadanos están empeñadas en revocar al alcalde y echarse barro entre ellos o valiéndose de su arrogancia que les da su autoridad pasajera, inclusive intentan soliviantar a la población creando el caos y aumentando el malestar de nuestra gente, o en el colmo de la audacia denunciar que hay “ratas” dentro de los funcionarios, pero sin decir nombres.

Es increíble oír que las autoridades de todos los niveles han perdido el respeto de la ciudadanía . Que es muy fácil escuchar, que con razón o sin ella, les digan sinvergüenzas, comechados, mentirosos, coimeros, ladrones y que solo sirven para ganar la plata del Estado sin hacer nada. Que ante la evidencia de una catástrofe que involucra a varios pueblos de nuestro Departamento, como es la caída del puente de Cáclic, las autoridades regionales, los ingenieros y personal especialista, sean tan indiferentes ante la desgracia de nuestros codepartamentanos que claman ayuda, y que en el menor de los casos ruegan que les den facilidades ampliando los horarios para poder cruzar el río Utcubamba, pero que con el desparpajo mas grande el “contratista” que está haciendo el puente, se niegue y no obedezca las órdenes de la primera autoridad de la Región. ¿Es posible que en nuestra propia casa nos humillen y nos falten el respeto? Pues si no hacen caso que se vayan, ¿o lo están haciendo gratis? O hay acaso incapacidad para gritar y alzar nuestra voz para que nos escuche el Gobierno Central, o quizás nuestros congresistas no están enterados de estos abusos que cometen con el pueblo que los eligió, los sacó del anonimato y ahora tienen el honor de representarnos.

Con todas estas autoridades, que a mi no me consta, y donde deben haber desde luego muy honrosas excepciones, es casi explicable que nuestra juventud camine sin rumbo, sin control y sin tener un ejemplo que emular. Que no vean líderes que se rompen por su pueblo y que sin darse cuenta vayan poco a poco perdiendo la dignidad, que es uno de los grandes valores de los amazonenses que no supieron claudicar nunca ni ante los Incas, en el incario ni ante los españoles en la Colonia.

Yo tengo confianza en el MAGISTERIO DE MI TIERRA, con mayúsculas, que tiene que volver a tomar el timón para enrumbar a nuestra Juventud. Enseñando y metiendo a D+OS en el corazón de una muchachada incomprendida. Educando sin imponer cambio de actitudes o comportamientos, sino proponiendo argumentos y valores que motiven la superación de sus educandos. Disciplinando con correcciones, como lo hacían antaño, con horas de reclusión y publicación de nombres en los Periódicos Murales de los Planteles y aún con expulsiones temporales, que provocaban la vergüenza y propugnaban formar hombres responsables.

Los Maestros si pueden. Si no para muestra un lunar. La presencia de Eurico Gutiérrez Hidalgo, que hace honor a su segundo apellido y a su chapa, poniendo disciplina en el cargo de Gerente de Servicios Comunales, Secretario de Seguridad Ciudadana y Defensa Civil, cerrando antros de perdición, donde se expende licor a menores de edad y defendiendo en los mercados y plazas públicas a los más humildes y necesitados y permítanme como hermano mayor de los REINA, que más que un apellido, es un sentimiento, sentir orgullo por esa voz, también de un maestro, en el Programa “DESPIERTA CHACHAPOYAS” valiente, inquebrantable, insobornable, sin temor a nadie, que vela por los más pobres, de aquellos que parece que no tienen derechos, que tienen una cólera incontenible como llaga ensangrentada en el corazón y de los que creen que D+OS se olvidó de ellos, tendiéndoles la mano para que nunca pierdan la Fe.

Pongamos el hombro todos paisanos. Los que viven allá y los que estamos lejos, para volver hacer una realidad, la belleza y seguridad de nuestra tierra y hacer justicia, cuando la señora Ministra de Turismo, la doctora doña Mercedes Araoz dijo en un Programa de Televisión, “que entre todas las ciudades del Perú, para vivir sus últimos días escogería, la ciudad de Chachapoyas”.

Jorge REINA Noriega, Cirujano Plástico, “AYÚDAME A AYUDAR”

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