Ayer una gotita de agua, hoy un manantial de vida
Muchas de las cosas que marcan una era en nuestra Fidelísima ciudad de Chachapoyas, pasan casi inadvertidas y muchos de los que ahora hacen uso de sus instalaciones, no saben o no están enterados como es que se lograron.
En la casa de don Excipión Torrejón, en el segundo piso funcionaban las oficinas del Seguro Social del Empleado y en los amplios salones de paredes blancas, con entablados machihembrados trabajaban dos personajes que por su manera de mirar y solucionar los problemas siempre estarán en nuestro recuerdo, uno de ellos por su aparente mal genio y el otro por ser toda una pasta de Dios que con su voz ronca y trasnochada, marcaba el equilibrio y daba paz y tranquilidad a los usuarios.
Los médicos y odontólogos nos dedicábamos a calificar los expedientes de los asegurados, originando infinidad de veces disgustos por la forma en que se recortaban las medicinas recetadas en exceso o disminuyendo los días de licencia laboral con que eran favorecidos, las mas de las veces los “caseritos que no trabajaban” y que se beneficiaban con los fármacos y licencias que recibían.
Muchos gerentes y administradores pasaron por las instalaciones del Seguro en Chachapoyas, inclusive uno de ellos, quiso construir un Hospital, pero en un lugar equivocado, por la carretera a la Villa de París y que hasta la fecha continúa presente como monumento de las cosas improvisadas que causan ignominia y vergüenza para las autoridades y el pueblo en general que no sabe reclamar y castigar esta clase de equivocaciones, pero en fin esto es solo un botón en la Fidelísima, y permanece semihundido como mudo testigo de lo que no se debería hacer, mordiendo la conciencia de los que en alguna forma son causantes directos o indirectos de cómo se malgasta el dinero en beneficio de sus bolsillos.
Ahora en la esquina de la plaza de armas, teniendo como vecinos a la catedral y al palacio municipal, se encuentra el hospital de Es Salud, donde se atiende a cientos de pacientes de todo el Departamento, obra de un general del Ejercito pero que es continuador de la labor de una mujer que puso el empeño y la valentía para convertir las oficinas burocráticas de los asegurados, en una Posta de Salud con consultorios médicos, dando un vuelco en las funciones que hasta ese entonces cumplía el Seguro en Amazonas. Muchos podrán decir que eso fue obra del Gobierno o de las autoridades centralizadas en Lima, pero lo que no podrán negar es que fue una dama nacida en el distrito de Molinopampa, tierra de don Pánfilo Rimache, Gregorio Calampa, don Gaudencio Oyarce, donde las aguas termales del Colpar bañaron a la señora Gladis Oyarce de Noriega, la Chaposa, que tuvo el coraje de dar el paso decisivo para romper miedos y temores y lanzarse a cumplir con su trabajo y que ahora, nadie reconoce ni menos agradece pero que tiene la conciencia tranquila porque no habrá un dedo acusador que la señale por corrupción, aunque no haya una placa que perennice su nombre.
Tal vez no con las comodidades ni los adelantos científicos del Hospital de Es Salud de la plaza de armas de nuestra tierra y con la modestia y la humildad de las cosas nobles, en el jirón del Triunfo, hoy en día abre sus puertas a los miembros de la Policía Nacional del Perú y a sus familiares un Centro de Salud que allá por los años de 1966 estaba dentro de la Comisaría en el mismo jirón Triunfo casi con la esquina con el jirón 2 de Mayo, frente a la casa de don Serafín Arce y de Teresita Pazos de Rojas, la Pier Angeli de nuestros años de colegial.
Como no recordar esa comisaría cuando algunas veces un gran amigo mío, después de las doce de la noche, golpeaba la puerta y a la voz del centinela de “Alto quien vive”, contestaba “Carlitos, el dulce”. Como olvidarse de la comisaría donde el guardia el Cordobés se dio el lujo de meter preso por no tener documentos, un día domingo a las dos de la tarde, a casi todo el equipo que tenía jugadores de la Costa y que se iba a enfrentar por la definición del Campeonato de Fútbol con los blanquitos de la H y la U y que ante la protesta del Presidente del club opositor, que tampoco llevaba sus documentos de identificación, también quedó detenido. En ese local policial y en dos cuartitos en un extremo del patio, funcionaba con bombos y platillos la Sanidad de Gobierno y Policía de la 17 Comandancia de la Guardia Civil del Perú que ante un altercado con el segundo jefe de la Unidad, tres jóvenes oficiales de Sanidad, el capitán médico Jorge Reina Noriega, el teniente odontólogo César Valdez y el teniente farmacéutico Juan Mesías, junto con nuestro personal subalterno de enfermeros y sanitarios y sin medir las consecuencias salimos a un local, en el jirón Amazonas, frente a la casa de don Ricardo Monzante y fundamos nuestro Policlínico para atención médica no solo a los miembros de la Policía y sus familiares, sino también para la atención de la colectividad en general, dando consulta y atención de inyectables en forma gratuita, tuvimos camas de hospitalización e implementamos una farmacia para la atención del público e inclusive, hicimos una pequeña salita de operaciones.
La Sanidad de la 17 Comandancia hacía sus campañas de salud los días domingos a los mercados de Pipus y Santo Tomás, con atención de medicinas, extracción de dientes y distribución de medicinas y en el salón principal del Policlínico se realizaban conversa torios médicos con los profesionales de salud de la localidad y los martes y jueves de 8 a 10 de la noche habían charlas bíblicas con asistencia del Monseñor Morriberón, la madre franciscana Antunes de Mayolo, los pastores evangélicos, médicos, odontólogos, abogados, profesores, ingenieros bajo la dirección de los sacerdotes Gates y Reategui, allí comenzó nuestro grupo cristiano ICTUS y tal ves nuestro Policlínico encendió la primera chispa de la Compañía de Bomberos, pues una noche de nuestras sesiones se presentó un incendio en la casa de Napoleón Torrejón y todos salimos a prestar auxilio siendo inolvidables las actuaciones de Germán Trigozo, el chalaco, Carlitos Salazar, Ariel Herrera, Jorge Zubiate, José Víctor Mendoza, Lorenzo Meléndez, el cabeza y clavo, Lorenzo Jiménez, el palito, Carlitos Vigil, Lira, un sub-oficial Villacorta, Pablo y Manuel Mori Meza, que conformaban el grupo Los Pachacos.
Ayer dos gotitas de agua, ahora un manantial de vida, son en esencia estas dos instituciones que dan la felicidad y el consuelo a los muchos pacientes que se sirven de sus instalaciones y para los que tuvimos la suerte de ser sus pioneros es solo un regalo para nuestros recuerdos ya que en nuestros pensamientos se anidan las ideas que sirven de semillas para las cosas grandes donde brilla permanentemente un rayo de sol que alumbra la senda de esperanza de tener una tierra bendecida y esperamos que el progreso sea el resultado del esfuerzo de las nuevas generaciones que trabajen con valentía, honestidad y transparencia, como lo hicimos nosotros, sin esperar nada.
Jorge REINA Noriega, “AYUDAME A AYUDAR”