Murió Isabel Angulo

Si mal no recuerdo fue por allá a mediados de los años 50 del siglo pasado cuando tuve la suerte de conocer a un distinguido personaje, oriundo de nuestra tierra, casi siempre vestido elegantemente con su terno azul, cargando su maletín negro, con paso presuroso y seguro y con una mirada serena que inspiraba confianza y ternura.

Me enteré que egresó de la cúa tricentenaria Universidad de San Marcos, y que su alma mater había sido la gloriosa Facultad de Medicina de San Fernando, que en su juventud fue un peleador como ninguno, pero sobre todo un gran deportista, defendiendo los colores de nuestro prestigioso Colegio San Juan de la Libertad, de donde partió a Lima y regresó como pocos lo saben hacer para trabajar como médico allá en su tierra que la vio nacer, devolviendo con creces en la atención de sus pacientes y dedicando su vida íntegramente al ejercicio de su profesión.

Muy pocos hombres tan honestos e íntegros como él, solo se dedicó a realizar lo que sabía hacer, nunca regateó puestos, ni se rebajó pidiendo favores políticos y aunque tal ves hubiese podido incursionar en alguna representación por nuestro Departamento o por nuestra Ciudad, dado el gran arraigo y cariño que le deparó la gente, no lo hizo y solo a veces se lamentaba ante la indiferencia de quiénes ostentaban el poder y en un grito de melancolía o de protesta solo atinaba a decir “MI PERU” y con su mirada perdida en esa incógnita que se llevó a la tumba vaya uno a saber que pensamientos bullían en su mente, pero de sus labios jamás salió una crítica que daña u ofende.

Tuve la suerte de cargar su maletín de médico y caminar con él por toda nuestras calles de la ciudad de nuestros ensueños, desde Luya Urco a Tushpuna, desde Tingopampa hasta Pollapampa, visitando casitas y chocitas humildes y también las casas de la gente pudiente, jamás lo escuché cobrar una consulta y recibía lo que voluntariamente lo daban. Recuerdo una vez en mi casa le decía a mi mamacita: “Rosita a ti como crees que te voy a cobrar, pero al shelico de tu marido a él si lo cobraría”, lo hacía en mi delante no se si entre en broma o en serio.

Israel Angulo, nuestro popular Shanga, fue mi maestro de mis primeros años, con el aprendí los primeros pininos de la Medicina Humana, entendí que la ciencia médica es poesía que canta al alma, que es sentimiento transformado en armonía, que es la mezcla de dolor y de alegría, que cuando el médico examina el cuerpo en acción y se mete en el mar de la existencia y trata de descifrar los misterios de la vida, acaba descubriendo la materia que es asiento de penurias y de dichas, y que nada es cierto en este mundo, que igual acaba el pobre, el rico, el poderoso o el santo como cuando embalsábamos a Monseñor Ortiz Arrieta y para los médicos como Israel Angulo que hicieron de su vida un ministerio solo tienen a lo largo de su fructífera existencia el consuelo del deber cumplido y el SOCORRO en sus DIAZ que le dio su mujer amada bendiciéndole con sus hijos orgullosos por el padre, que ahora llora todo Amazonas.

ISRAEL ANGULO DESCANSA EN PAZ

Jorge REINA Noriega, Cirujano Plástico, “AYUDAME A AYUDAR”

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