Quién es Verdaderamente Foráneo

Más o menos a tres o cuatro cuadras de la Plaza de Armas de Chachapoyas, camino a Tingopampa, había un chorrito de agua dulce, en una canaleta de maguey, que salía debajo de unas pencas y su agüita cristalina, caía en una piedra caliza, color marrón, donde muchos de los muchachos se lavaban los pies. Era el chorrito de la Sapra y la verdad que nadie sabe porque se llamaba así ese barrio que tenía la suerte de tener su propio manantial, que siempre tenía agua y nunca se secaba.

Pasaron los años, muchos de los niños de ayer, nos convertimos en jóvenes y tuvimos que emigrar a la capital de la República, para buscar nuevos horizontes, nuevas amistades, nuevos destinos; algunos dejamos de vernos y los que llevamos en la sangre, el amor a la tierra, tratamos de seguir compartiendo con aquellos que se daban tiempo, para enterarse de las noticias y los chismes del terruño y en esas circunstancias, hombre ya, con profesión a cuestas, tuve el honor de ser elegido por mis paisanos como Presidente del Centro Social Amazonas, entidad de primera categoría que había sido fundada por los personajes mas preclaros de nuestra tierra, Institución que después se convirtió en el Club Departamental Amazonas y que agrupa ahora, a todos los co-departamentanos sin distinción de clase social, económica, política ni religiosa y que perdura hasta la actualidad.

Una de aquellas noches de las sesiones de Junta Directiva del Club, llegó un paisano entradito en tragos, que sin razón alguna me increpó que estaba usurpando la Presidencia del Club, porque aducía que no tenía derecho de estar en ese cargo, por ser “foráneo” y que era descendiente de forastero y sin pensar en lo que le respondía, en honor a la verdad y sin tratar de ofenderlo, le dije que me sentía mas chachapoyano que el, porque al fin y al cabo yo había nacido en la Plaza de Armas y el era de la Sapra, las cosas quedaron allí por la intervención de los amigos y echando fuego por los ojos, siguió ahogando en el alcohol, sus penas e infortunios.

Por esos misteriosos caminos que tiene la vida, el mes pasado, la Revista El Torreón, conmemorando un acontecimiento especial premió a los 100 personajes mas notables del departamento de Amazonas que en una u otra forma han descollado en sus quehaceres cotidianos, reuniendo en un ambiente muy agradable a diferentes figuras residentes en Lima, en Chachapoyas y aún en el extranjero. El salón brilló con las notas encendidas del Himno Nacional y de la Región Amazonas y entre los aplausos y los gritos emocionados de familiares y amigos desfilaron a recibir su trofeo El Purunmacho los médicos, periodistas, empresarios, políticos, generales, arqueólogos y una pléyade de hombres y mujeres que sin lugar a dudas no son todos los que merecen tan reconocido homenaje, porque hay muchos otros que realizan su ministerio y sacerdocio en los pueblos y caseríos de nuestra Región y con iguales y mejores méritos de los que tuvimos la suerte de ser seleccionados por la generosidad de los iniciadores.

Este acontecimiento no tendría nada de trascendental y pasaría como muchas de las cosas simples de la vida sin ninguna importancia, si es que esa noche, uno de los agasajados que fue invitado al escenario con voz emocionada agradeció con bellas frases en nombre de todos los homenajeados y poniendo mucho énfasis decía que aunque “se sentía un foráneo”, por ser oriundo de una tierra diferente a Amazonas, amaba a la tierra que lo acogía mas de sesenta años y pedía como “una limosna” a los hijos nacidos en la tierra y que por razones diferentes ahora residen en la Capital de la República, que no se olviden de su terruño y que lo menos que se podía hacer era estar pendiente de los acontecimientos y necesidades de nuestro Departamento.

Misteriosas palabras, salidas del fondo del alma de un hombre de mirada triste y de actitudes lentas, que con su inteligencia aguda y transparente, nos dio un mensaje que suena a llamada de atención y nos dijo que aquel “foráneo” que fue elegido Alcalde de la Fidelísima, cuando estas autoridades recaían en los vecinos mas notables y sin sueldo, aquel que en su diario trajinar allá a la sombra del Pumaurco y entre el aroma de los eucaliptos, los capulíes y los shilshiles, había sembrado la luz del entendimiento en los cientos de alumnas y alumnos de los colegios que bebieron de sus enseñanzas, aquel que se dio tiempo para robarle al tiempo y entregarlo a la tierra de sus ensueños, la cuna de su hogar y su familia, aquel que enterró a sus progenitores en el viejo panteón al final del jirón de La Unión, tuvo la magia de cambiarme el sonido de la música y por un instante remontándome en alas de mis recuerdos, volví a escuchar el viejo acordeón de mi compadre Chinche, la trompeta de mi amigo Cullampe, el saxo de mi compadre Rodo, el jazz band y la voz romántica de Lucho Herrera y me pregunté por que si todos éramos de allá de la margen derecha del Marañón teníamos que escuchar la música de “Los Cuervos de Rioja” y que nos había hecho el mundo, para decirle cuervos a los shucas y ahora tomamos cerveza, wisky y ron con coca cola, cuando deberíamos seguir tomando nuestras mistelas, nuestra chicha de jora y nuestro guarapo, comiendo tucsiches, cemitas y murones y enlazados en una verdadera cadena de unión fraternal, todos unidos velar por el destino de nuestra tierra y Departamento.

Ahora refugiado en mi encierro, paso el tiempo mirando, pensando, meditando y es domingo y muy en mis adentros, deseo que sea domingo de pueblo, de aquel en el que el sol se desparrama por la plaza de armas, donde se escucha las campanas de las torres de la vieja catedral, donde los compadres de poncho y sombrero compiten con los de terno, chaleco y leontina de oro, donde las mujeres del Molino, de Shacshe y Penkapampa con sus canastas en la cabeza van de prisa al Mercado y las beatas con sus mantas negras y mantillas bordadas acompañadas de sus upas que llevan a cuestas los reclinatorios con sus alfombritas persas caminan raudas a ocupar los sitios preferenciales cerca al atrio del altar mayor para oír la misa del tayta Obispo Ortiz Arrieta de Lima y las letanías del cura Reategui de Rioja.

Felices todos aquellos que se refugiaron en nuestra tierra, bienvenidos con sus maletas, talegas y alforjas de sueños, amores y esperanzas, todos los que construyeron los pueblos y las ciudades que ahora nos albergan, los munchas, los shilicos, los guauqueños, los cajachos, los costeños, los cholos huancaínos, cusqueños y arequipeños, los piuranos, los limeños, los gringos de Estados Unidos y Europa, aquellos que además de sus ilusiones mezclaron nuestras razas y nos hicieron mas fuertes y visionarios, los que se cobijaron en nuestras costumbres y cuidan con pundonor nuestras tradiciones y riquezas espirituales, aquellos hijos de esos hombres venidos de fuera, que hoy a voz en cuello, enfrentándose a los políticos y poderosos, defienden a los necesitados y a los que no tienen nada.

Sin lugar a equivocarme y con el perdón de los que opinan diferente, pienso que los verdaderamente FORANEOS de Amazonas, somos todos aquellos que emigramos de la tierra y seguimos aventuras y rumbos distintos, alejándonos del montón de necesidades que sufren y siguen sufriendo nuestros paisanos, todos los que nos refugiamos en ciudades extrañas y donde como garúa fina nos aturde nuestra melancolía, los que como payasos fingimos alegría ocultando a todos la pena que nos quema por dentro, y seguimos como títeres conquistando títulos, diplomas, oropeles, riquezas e infortunios y lamentando en las noches frías las tristezas que nos depara la vida por la soledad y la nostalgia de nuestra tierra bendita.

Más valor tiene aquel que por elección consigue algo, que el que se siente dueño por obligación de una ley de la vida.

Jorge REINA Noriega, “AYÚDAME A AYUDAR”

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