Estuve muy cerca de natita
Hoy en la madrugada que cerca estuve de la muerte. No te imaginas el horror que se siente, cuando a 100 Km. por hora, y en una distancia no menor de 15 metros ves que se te cruza una mole de acero en ángulo recto, y el empotrarte por debajo de las llantas, es un hecho inminente. En ese instante comprendes la grandeza de Dios, de su generosidad, en la que en milésimas de segundo, le das gracias porque me tocó a mi, y no a ustedes; ves como una ráfaga ante el grito desgarrador de la persona que conduce el vehículo, que hasta en ese momento supremo, donde la vida se te escapa, que hay gente que confía en ti, y que no les puedes fallar.
El DOCTORRRRR, que escuché se perennizará para siempre, la mirada de esos ojos llenos de pánico y ansiedad, talvez no me abandonaran nunca, por eso con la mano invisible que te protege, me ayudó a girar el timón y evitar una colisión directa, después silencio, ayes, respiración ruidosa, presión en el pecho que es como garra que atenaza y te retiene el aire, dolor de huesos rotos y la hinchazón violenta a nivel del hígado y tu temor de hemorragia interna, la palidez en tu rostro, el sudor frió en tus mejillas y el temblor en tus manos y el hilo de aliento que te impulsa a salir y a buscar al que crees que está mas grave que tu, empezar a dar órdenes anteponiéndote a tu dolor, escuchar que tu piloto de desgracia empieza a pedir auxilio por radio, y que el gringo que iba en el asiento posterior también es humano, y que su sangre que mana por su cuello también es roja y que el dolor no tiene idioma, porque el ayer es similar al que sale de nuestras gargantas y que los bomberos no tienen nacionalidad, que igual se confunde con el cholo que gime o con el blanco que llora, pero que todos queremos hacer una cadena de ayuda, y que dentro de las sombras emerge una figura toda de negro, voluminosa en sus carnes, como dando la impresión de que es duro en su carácter, pero que lo ves quebrarse en sus sentimientos y que te extiende sus manos en señal de ayuda.
Estas escenas me motivan aun mas para darte a Tí, Dios Omnipotente, las gracias por haberme hecho bombero, el mas humilde de todos, pero que te promete seguir trabajando en beneficio de los que mas nos necesitan, porque las miradas incrédulas de los hermanos que acudieron al lugar del accidente los que de repente sopesaban la realidad de ese viejo vestido de rojo, al que muchos lo conocen por nombre o por escuchas, es de carne y hueso, que llora y siente el aprecio de Rafael que rompiendo distancias y con la voz quebrada, llega a prestarte auxilio, o la oración silente de Alfredo que en la mirada tierna de su infinita misericordia y olvidando por un instante de que es bombero, se viste con su ministerio de sacerdote y con la mirada perdida en la bruma del tiempo eleva su súplica y dá gracias al Altísimo para que todo salga bien, o en el nerviosismo de su voz rota, prepara un responso.
Que cerca otra vez Dios mío, pero dentro de la tristeza de la desgracia que hermoso el marco de solidaridad de los hombres de rojo, de todos sin excepción, sus llamadas, sus visitas, su preocupación y el llanto contenido del amigo Lucho y el tocarme a cada rato la cara, como si quisiera convencerse de que todavía estoy presente, de conducir el carro tratando de que los baches de la pista sean menos dolorosos que los golpes que me da la vida.
Luego el hombre pensante, el que cuida su familia, el que pide que no les avisen nada, que no les preocupen, el que cuida al hermano hipertenso, a la hermanita valiente que si sabe de luchas y batallas y a la que no quiero aumentarla su calvario, al hermano ausente, que valiente por fuera es un cristal de sentimientos, a la esposa cariñosa en la que se le hace un nudo en la garganta y que sufre en silencio, a mi Carlos hombre ahora pero que sufre como niño, a mi Chachita que en su dulce espera no quiero poner ni una sombra y a ti Natita, a tí si te extrañé, pero también me alegré porque no estuviste conmigo en nuestras largas noches de ronda, donde esperas heridos y esta vez te hubiese tocado atender a tu padre.
Jorge REINA Noriega, CIRUJANO PLASTICO, “AYUDAME A AYUDAR”