Feliz Navidad en el cerro

Arriba en el cerro, en medio del barro, de las chozas de estera, paredes de plástico, de mujeres con mirada angustiada, hombres desilusionados y niños con hambre.
Arriba en el cerro donde la desgracia campea en los rostros y los ayes de dolor se mezclan con los ladridos lastimeros de los perros y los maullidos de gatos, con el balido de una que otra oveja o el piar de los pocos pollitos, que se acurrucan bajo las alas de la gallina que ni siquiera pico tiene de tanto tratar de escavar la tierra y encontrar un mísero gusanito.
Arriba en el cerro donde las nubes están tan cerca que con solo alzar las manos se puede tocar los pies de DIOS y divisar a lo lejos las luces tintineantes de la gran ciudad, que creemos se hunde en el torbellino de la alegría y de la fiesta.
Arriba en el cerro talvez no habrá champán, panetón, chocolates ni regalos, ni nacimientos, ni arbolitos, pastoritas, villacincos y ni el viejo panzón de Santa Claus podrá subir a esas alturas, ni sus renos ni su trineo se aparecerán por esos lares.
Arriba en el cerro, los enfermos seguirán resistiendo el dolor de las carnes, de los huesos y el calor de las fiebres, mojándose los labios resecos por falta de agua o de sueros.
Arriba en el cerro en que en medio de tanta desgracia, también hay tiempo para los odios, los chismes y los diretes, allí donde el sonido de los altoparlantes es el mensajero que llama a alguien que tuvo la suerte de recibir una llamada por el único teléfono comunitario, que a veces es para recordarle que tiene que pagar una deuda o para comunicarle una mala noticia.
Arriba en el cerro, poquito a poquito hemos empezado a aprender que el odio es aversión y tragedia, que es sabor de hiel en los labios, que engendra ruina y cría delincuentes y que en cambio el amor es dulzura, palabras tiernas en la boca, besos que acarician y manos que se juntan en oración y hacen una cadena de solidaridad y de fuerza.
Arriba en el cerro, tan alto juntito a DIOS, en medio de tanta miseria terrenal, hay gente humilde es cierto, pero con una riqueza que ya quisieran tener los ricos, allí encontramos la alegría de los niños que gritan que el Rey de Reyes es Cristo y que si todos tuviéramos Fé como la de un granito de mostaza, nuestra tierra cambiaría y la Navidad sería el canto de unión que une a los hombres de buena voluntad y nuestra Patria cabalgaría potro rocinante de progreso y triunfo que galopando recorrería campos fecundos poblados con la algarabía de sus hijos.
Pero ya en el horizonte se avisora una Luz de esperanza porque la semilla ha empezado a germinar en el alma de los niños, y en ese terreno tan bien abonado, seguro estoy que crecerá un árbol frondoso, donde las ramas se entrecruzarán en un abrazo de comprensión y bajo su sombra los hombres podrán compartir su felicidad, a pesar de nuestros propios problemas, entendiendo que las penas cuando son divididas duelen menos y que la alegría cuando se contagia se multiplica y las risas de los seres se convertirán en cantos de alabanza.
Pensaremos, allá en el cerro que ese niño DIOS, nace todos los días en el pesebre de nuestros corazones, que los latidos de los mismos, son las campanas que anuncian nuestra Fe inquebrantable y que la magia de la amistad nos envuelve y nos hace grandes en nuestra miseria de pan y agua, porque somos reyes cargados de fortuna de amor, misericordia y cariño, y en la noche buena, miraremos hacia abajo y las luces de la ciudad, que cree marginarnos, aparecerá como una gran alfombra tachonada de estrellas que se extiende bajo nuestros pies, porque nosotros olvidando amarnos uno al otro, gozamos del Amor inconmensurable de UN DIOS VIVO, que pobre y humilde jamás nos abandonará.

FELIZ NAVIDAD ……….. HERMANOS DEL CERRO.

Jorge REINA Noriega, Cirujano Plástico, “AYUDAME A AYUDAR”

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