Gracias Chachapoyas

Gracias DIOS mío por regalarme momentos de tanta felicidad y alegría y por haberme proporcionado un corazón tan fuerte que pueda resistir tantas emociones y que no logró doblegarse ante la avalancha de muestras de amor y afecto de muchos de mis paisanos.

Que difícil es poder traducir en el papel todo lo que bulle en el vendaval de mis sentimientos, tratar de hilvanar frases que sean comprendidas por amigos que vean en mi comportamiento motivos de verdadera humildad y que entiendan que mi voz cortada y mis manos temblorosas, son solo el fruto silente de mi grito de asombro y gratitud ante mi Pueblo que me dio la oportunidad de nacer en su suelo.

Al entrar al salón municipal, de golpe me encontré con la mirada señera de mi viejo, don José David Reina Rojas, dos veces alcalde de mi tierra, que me recordaba todo el respeto y la disciplina con mezcla de afecto que me inculcó en mi infancia y en el silencio de su mirada, veía el orgullo por su hijo que era el resultado de lo que sembró con sus consejos y su ejemplo y allí cerquita, en la plaza de armas, donde el Destino, me había clavado el puñal en lo mas hondo de mi alma, arrebatándome la vida de este mísero cuerpo que arrastro a través de mis días, estaba presente la dulce sonrisa de mi madrecita, doña Rosita Noriega que con sus ojos llenos de lágrimas como antaño, se deleitaba festejando las veleidades que le regalaba la vida a su hijo primogénito.

Gracias mil al Señor Alcalde de la Fidelísima Ciudad de Chachapoyas, a su honorable cuerpo edilicio, a las autoridades eclesiásticas, judiciales, políticas, civiles, militares, policiales, a las distinguidas damas y caballeros, a los medios de comunicación y al pueblo en general que fue testigo de un acontecimiento trascendental en mi existencia y que marca una huella de mi paso por la vida al servicio de la gloria de mi Creador y la Medalla de la Ciudad que habéis tenido la gentileza de poner en mi pecho será un corazón que alimenta mi Fe en los hombres de buena voluntad y que compromete aún mas para cumplir el divino mandamiento del Rabí de Galilea: Ama a tu prójimo como a ti mismo y entender que la verdadera felicidad estriba en que nos amen por lo que hacemos y no por lo que somos, ya que al final y al cabo nuestros hechos quedan y nosotros volvemos al polvo de donde venimos.

El cuadro en la plaza de armas, ahora Plaza Mayor de mi Fidelísima Ciudad de Chachapoyas, será inolvidable y ante el sol esplendoroso que brillaba en el cielo azul y a los acordes de la banda de músicos del Glorioso Colegio San Juan de la Libertad y del Colegio Seminario, se escucharon las notas sagradas de nuestro Himno Nacional, el Himno de la Región Amazonas y la Marcha de Higos-Urco, hoy Himno Nacional de nuestra Ciudad, se cantaron a todo pulmón, gritando como se grita a la Patria y a DIOS.

Se izaron las Banderas en los mástiles de honor y en un acto generoso de nuestro señor Alcalde de la Fidelísima Ciudad de Chachapoyas, Doctor Oscar Enrique Torres Quiroz, me honró para elevar hasta lo mas alto de su asta nuestra Bandera de la Ciudad de color celeste, verde y roja y la emoción me venció y sin poder contenerme con las lágrimas en mis ojos, mi boca manchó con un beso el Manto tricolor de nuestro heroico Pendón, símbolo del valor y la inteligencia de nuestros ancestros.

Dignificante el paso marcial de todos los que marcharon frente al estrado de honor, hombres y mujeres, jóvenes y niños lucieron su amor a la Patria Chica y enarbolaron sus gallardetes y remontándome en el tiempo escuchaba la voz inolvidable de nuestro German Merino Rubio y otra vez golpeaba en mi pecho el sonar de los zapatos en su paso de ganso de mi Viejo Colegio San Juan donde estudié y después tuve la suerte ser su profesor y como si todas esas vivencias fueran pocas los Hombres de Rojo de la Compañía de Bomberos Higos-Urco No 101, mis hermanos de servicio rompían el piso con sus botas y estaban presente ante quién ayer tuvo que tocar puertas y sufrir humillaciones para que con su existencia sean mudos testigos de que los hombres podemos alejarnos materialmente pero seguimos sirviendo espiritualmente.

Cuando uno se encuentra, como yo lo estoy ahora, en la parte final de nuestra existencia, cuando en nuestros horizontes las glorias presentes, son cosas efímeras que alimentan falsas vanidades, nos hacen reflexionar en la honestidad de nuestros pensamientos y comprendemos que todos los actos de nuestra vida pasada, cuando han sido hechos con la probidad de nuestros buenos sentimientos, son semillas que dejan frutos y sirven de ejemplo para las nuevas generaciones y que el futuro que Dios nos regala debe ser para asegurar el buen nombre de nuestras familias y el porvenir y bienestar de nuestro pueblo.

Gracias Chachapoyas, cuna de mis ancestros, quisiera escribir con tinta mojada en barro de mi terruño, pintar un pergamino con la tierra roja y blanca del cerro del Colorado y el Blanco y formar una Bandera de mi Perú, que campee junto a nuestra Bandera de Chachapoyas que lleve el azul de su cielo, el verde de su Pumaurco y el rojo de mi sangre, para guardarlas como las joyas mas preciosas y sean la herencia de gratitud hacia mi Pueblo que los deje a mis hermanos, a mi adorada esposa, a mis hijos y a mis nietos como un sentimiento de dignidad y honradez y como incienso de veneración se eleve a las alturas, juntamente con aromas de rosas y jazmines, en honor de mis adorados padres y mis seres queridos que ahora descansan a la diestra de DIOS.

Jorge REINA Noriega, CIRUJANO PLASTICO, “AYUDAME A AYUDAR”

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