Una vida siempre con esperanza

Todos los años en esta época, la mayoría de nosotros, nos damos el tiempo para mirar a vuelo de pájaro, el camino recorrido y evaluamos todos los actos buenos y escondemos lo mejor que podemos, aquellos que son nuestra vergüenza y amargura.

Revisando la Historia de las Guerras, nos encontramos con hechos de inusitada crueldad en que los hombres y los animales eran objeto de experimentos y que a la luz de nuestros días, se convierten en enseñanzas o en motivos de reflexión. Los alemanes ordenaban a sus prisioneros los judíos, en los campos de concentración, que trasladen bolsas llenas de tierra de un lugar a otro, a una distancia aproximada de doscientos metros, y cuando terminaban con las mil bolsas, los hacían regresar al mismo lugar de origen, y así en forma interrumpida repetían la misma acción todos los días, sin ninguna razón y sin ninguna explicación. Metían a unos perros dentro de unas jaulas de metal y cada hora los conectaban con corriente eléctrica originando aullidos lastimeros, saltos y revolcones, pero al final del dia los perros ya no gritaban, se acostaban y esperaban resignados la descarga eléctrica.

Los judíos que trasladaban las bolsas al final morían llenos de hastío y melancolía, habían comprendido que su trabajo no-tenia sentido, que su vida estaba vacía de esperanza y los perros de las jaulas se acostumbraron y aceptaron el dolor, y así se les cayo el pelo, se adelgazaron y desaparecieron.

Cuantos de nosotros, vemos el mundo con una amargura de todos los días, sin cambio, sin ilusiones. Los que tenemos trabajo, nos levantamos de la cama, caminamos cansados desde el inicio del dia, cumplimos lo que es nuestra obligación y esperamos el final de la jornada, para llegar a lo que algunos llamamos Hogar y con el mismo tedio que da hacer las cosas sin entusiasmo, depositamos nuestros hastiados huesos, esperando la monotonía de un mañana sin norte, sin metas, sin halagos, pero si con bastante resentimiento de lo que no nos atrevemos a hacer. Muchos somos como los judíos que realizaban su trabajo sin ninguna esperanza o de repente nos comparamos como esos animalitos enjaulados que se acostumbraron a recibir las descargas eléctricas, pero que después de tanto luchar llegaron al convencimiento que ante lo inevitable, ya no hay nada que hacer. Cuantos de nosotros escondemos y sepultamos nuestra falta de ànimo en el trago y las drogas y nos hundimos sin poder soportarnos, esperando que alguien ponga una palabra dulce en nuestro epitafio.

Indudablemente, para nosotros los peruanos, se acumulan muchos factores que nos llevan a pensar que tenemos un Mundo sin esperanzas y en la comodidad de esperar nuestra rutina, nos conformamos a confiar que tal vez vendrán tiempos mejores o en el colmo de nuestra resignación aceptamos que siga golpeándonos las crisis, la apatía de los que nos gobiernan y nos hundimos en nuestra indiferencia de no hacer nada.

Queremos que DIOS haga un milagro con nosotros, que se produzca un cambio sin esfuerzo, esperamos recibir un poco de compasión y no nos contentamos con lo que tenemos, olvidamos que siempre debemos estar aprendiendo a vivir y que en todo tiempo, también debemos estar aprendiendo a morir, pero a morir después de haber dejado semillas que den fruto. No esperemos que DIOS haga un milagro para nosotros, sino mas bien nosotros SEAMOS EL MILAGRO para nuestros hijos, para nuestra gente, para nuestra Patria.

Desairamos un territorio rico en sus tres regiones, con un mar cargado de especies marinas, con cientos de atractivos turísticos, con suelos en los que abunda el oro y la plata, en que paradójicamente nos sentamos sobre ellos y contemplamos que crezcan los mangos, los algarrobos y los limoneros.

Nos quejamos de nuestra mala suerte y no apreciamos que viviendo en el cinturón sísmico de América, la naturaleza desfoga insensiblemente su energía y no nos castiga con grandes terremotos, aluviones ni catástrofes. Que no tenemos grandes epidemias ni tragedias y que el hambre que agobia a nuestros pobres en alguna forma se compensa con el afecto y la mano de las personas que ayudan en la medida de sus posibilidades o se diluye, muy pocas veces, claro esta, con la alegría de conquistar un campeonato Sudamericano.

Tayta Pancho, pos es cierto, pa mi es mucho mas difìcil encontrarme con la Felicidad, que con el dolor y la pena, pos con estas últimas casi siempre vivo y ya miacostumbrau.

No, Facundo, nooo.!!!!!

Tú eres Peruano a mucha honra, eres descendiente de los kuelap, eres guerrero, en tus venas tienes sangre inka, tienes la fuerza del Marañon, el coraje del leopardo y la audacia del cóndor. Borra de tu mente esa canción estúpida “Sufre peruano, sufre” y levanta tu grito de guerra y vence el mundo, porque el Mundo eres tu.

Jorge REINA Noriega, Cirujano Plástico, “AYUDAME A AYUDAR”

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